Los contactos

PRIMER CONTACTO

Como decíamos antes, no todo el mundo que llama a preguntar por tu anuncio quiere comprar una vivienda. Pero por supuesto de entre todos los que nos llamen estará el comprador.

Cuando nos llaman es aconsejable a parte de ser amable, y a parte de dar la información que nos piden también preguntar al posible comprador cosas para conocerle mejor: cuándo se quiere mudar, si tendría que pedir hipoteca para comprar la casa… Hay gente que evita hablar del precio en la primera conversación cuando sin embargo hoy en día es aconsejable, ya que ahora el crédito no fluye como antes y unos miles de euros arriba a o abajo puede determinar si una persona puede pagarlo o no. Debes estar dispuesto a aceptar visitas de desconocidos a tu casa. 

El siguiente paso sería la visita. Si ya directamente en el primer contacto no piden visitar es porque no les ha cuadrado. No tengamos miedo a preguntar por qué, aunque si por ejemplo estamos vendiendo un apartamento de un dormitorio y tenemos a un matrimonio con un hijo como compradores, la razón está clara. 

CÓMO REALIZAR UNA VISITA

Ahora, si nos piden una visita, es conveniente no poner impedimentos de horario y tener la casa lo más presentable posible. En el artículo «una imagen vale más que mil palabras» os dábamos algunos consejos sobre esto.

Es primordial hacer que el comprador tenga una excelente primera impresión. Es recomendable comenzar la visita por las estancias más agradables de la casa. Y es imprescindible tener los dormitorios, baños y cocina perfectamente ordenados. La luminosidad es otro factor clave: las persianas abiertas dejarán pasar la máxima luz posible, y durante la visita no cuesta tener todas las luces de la casa encendidas. Darán una imagen inicial radiante. 

El comprador ha de imaginarse que está en su propia casa, por lo que lo ideal es que no hubiera nadie en casa durante la visita. Pero esto es imposible a no ser que deleguemos en un agente inmobiliario. Hay que evitar que los posibles compradores piensen que están molestando y quieran marcharse enseguida. Por eso es recomendable hablar lo justo y dejar que se sientan cómodos. No hace falta decir «esto es la cocina», porque es obvio lo que es la cocina, ni pisarles los talones porque probablemente se sentirán agobiados. Podemos invitarles a abrir cajones y armarios.

Este contacto no debería acabar en la visita. Tras la visita habrá que hacer un seguimiento para ver qué les ha parecido y hacerles la pregunta del millón: ¿Me la compras?

 ¿Y si me hacen una oferta? ¿Qué hago? 

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